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4.2.1. Bases técnicas para fundamentar la práctica vocal-instrumental

La célula generadora basada en el ritmo está representada por la palabra hablada. Se recomienda comenzar con el recitado de nombres, llamadas y pregones que permiten la unión entre expresión y ritmo: los estudiantes deben recitar rimas, refranes o simples combinaciones de palabras, tratando de hacer resaltar en todo momento las riquezas rítmicas y expresivas que las naturales inflexiones idiomáticas le sugieren; así, el ritmo, que naciera del simple lenguaje cotidiano, lentamente se va musicalizando.

Es importante lograr la participación activa del niño, joven o adulto mediante la utilización efectiva de los elementos musicales. Comenzar a partir de la palabra y luego llegar a la frase; ésta es transmitida al cuerpo, transformándolo en un instrumento de percusión capaz de ofrecer las más variadas combinaciones de timbres.

En la percusión corporal, prácticamente todo el cuerpo trabaja en forma activa. Si bien ciertos miembros son los que solamente funcionan como instrumentos de percusión (pies, manos, dedos), todo el cuerpo se ofrece como caja de resonancia para los mismos.

El paso siguiente es la utilización del eco, que es la repetición exacta de un motivo rítmico o melódico dado. Se debe iniciar con ritmos y melodías simples, aumentando en forma progresiva la dificultad. Con estos ejercicios, los niños, niñas y jóvenes integrantes del grupo musical van aumentando el desarrollo de sus diversas destrezas y habilidades, agilizando su mente y su atención, lo que facilitará el trabajo de preguntas y respuestas rítmicas y melódicas.

  • Ritmo: palmear el ritmo de una canción es hacer oír cada una de las figuras o valores musicales comprendidos en cada compás.

  • Pulso: en cada tiempo dentro del compás realizar percusiones corporales con los compañeros, palmas, chasquidos, piernas y pies.

  • Acento: se puntúa en el primer tiempo de cada compás con desplazamientos marcados con un instrumento rítmico de sonido grave preferiblemente.

  • Trabajar la estructura rítmica de la letra marcando los pulsos, acentos y reproduciendo el ritmo de la letra, por medio de palmeos, golpes de pies, o empleando una pequeña percusión.

  • Cuando la base rítmica esté segura, se entona la canción con el nombre de las notas; finalmente se canta la canción con la letra.

Una de las dificultades que se presenta en la ejecución en conjunto, es el problema de mantener el “tempo”. El niño por naturaleza tiende a acelerar, a correr, debiendo el docente actuar de inmediato, al observar la menor alteración en el “tempo”.

Para la entrega de instrumentos se debe hacer una clasificación de los mismos en sonidos metálicos, de madera y melódicos. Pueden ser instrumentos didácticos elaborados con los mismos niños o instrumentos convencionales de percusión menor, de efectos, xilófonos, carillones y metalófonos, iniciando con el trabajo didáctico de placas entre dos, tres y cuatro notas básicas.

  • Diferenciar ruido de sonido.

  • Trabajo sensorial.

  • Reconocimiento básico de timbres.

  • Trabajo de motricidad (desplazamientos, lateralidad y trabajo corporal de nivel básico).

  • Entrenamiento auditivo.

  • Entonación de intervalos de 1ª, 2ª y 3ª mayores.

  • Entonación de rondas y cantos hasta una quinta de extensión a partir del do.

  • Vocalizaciones, trabalenguas, rimas, adivinanzas y cuentos cortos.

Trabajo instrumental

Para iniciar un proceso instrumental con niños en situación de discapacidad cognitiva hay que referirse a la memoria musical. Cabe anotar que se hace referencia a la memoria musical enfocada en la flauta dulce, xilófonos y percusión menor, teniendo en cuenta dos aspectos que están relacionados entre sí: la memoria musical referente a los procesos de interiorización y grabación de estructuras rítmicas y melódicas para su posterior ejecución instrumental, y la memoria de sonidos y notas con sus respectivas distancias entre intervalos descendentes y ascendentes, proceso mecánico por el cual auditivamente se reconocen los nombres de las notas sin la ayuda de ningún instrumento. Según el docente Frederick Shinn (1984) “la memoria musical es una capacidad especial para conservar y recordar a voluntad una serie de sonidos musicales, cuando se nos presentan, como una melodía o una progresión armónica” (p. 10-12).

Otra definición pertinente según la denominación de dos tipos de memoria es la dada por Adriano Chávez (2013), que plantea que:

El proceso de memorización sigue una estructura que recoge fundamentalmente dos fases: la primera fase denominada memoria a corto plazo o memoria primaria, tiene la capacidad de mantener una limitada cantidad de información generalmente relacionada con el entorno de interacción del individuo, la segunda fase denominada memoria a largo plazo o secundaria, es responsable de almacenar información de manera permanente (p. 78).

Con fines de aprovechar al máximo la memorización de los sonidos y de las secuencias melódicas o armónicas, es necesario un estudio en ambientes tranquilos que permitan la posibilidad de concentración y atención no sólo en lo técnico-instrumental sino también en lo sonoro. Además existen algunas pautas básicas como: la relación de pequeños fragmentos de la obra con pensamientos particulares que permitan recordar con facilidad, la repetición continua de los pasajes y el estudio por secciones, es decir, dividir la obra en varias partes que provean guía y orden.

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