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3.1.5. Pautas para la elección y manejo del repertorio

En primer lugar, el repertorio debe responder a las necesidades expresivas de los integrantes del formato, que se acople a su contexto y a sus desarrollos técnicos, psicológicos y emocionales.

Un segundo criterio importante para la selección y manejo del repertorio, son los recursos mecánicos y técnicos que se necesitan para poder interpretarlo. En otras palabras, se debe empezar por obras tradicionales o compuestas con fines didácticos, que contengan los géneros, aires o ritmos característicos de las diferentes subregiones, con pocos cambios armónicos, en un registro cómodo para los instrumentos melódicos y con velocidades medias que no estén en ninguno de los dos extremos: ni muy rápidas, ni muy lentas.

Como las músicas tradicionales integran agrupaciones intergeneracionales y arreglos multinivel en la práctica cotidiana, es importante que dichos criterios sean tenidos en cuenta a la hora de implementar los repertorios y tratar de que en la escuela se puedan recrear estas formas de práctica, invitando a cultores tradicionales –hombres y mujeres—a que interactúen con los niños y niñas y se vinculen a las escuelas; situación que sucede en algunas subregiones del país. Además, estos cultores son amplios conocedores de los repertorios.

Es fundamental la calidad de los textos en las obras que sean cantadas, y que el registro vocal sea cómodo para aquellos que lo interpretan, teniendo la plasticidad suficiente para poderlo transportar, en caso de ser necesario, y acomodarlo a las voces de los estudiantes.

En el nivel básico es importante que se dominen las estructuras más recurrentes en el aspecto formal, armónico y melódico, con el objetivo de crear un registro sonoro claro de los géneros, ritmos, ciclos armónicos y melódicos, patrones rítmicos y códigos de las músicas tradicionales.

Teniendo en cuenta lo anterior, se debe seleccionar un repertorio que en su aspecto armónico emplee las funciones armónicas de tónica, subdominante y dominante (I-IV-V), con ritmos y aires muy bien definidos en su estructura rítmica, que permitan la exploración y la improvisación sobre dichos patrones.

En las once cartillas de músicas tradicionales se encuentra un amplísimo repertorio recopilado y compuesto de todas las subregiones del país, para ser estudiado e implementado en las escuelas en los niveles de iniciación, básico y medio. Gracias al planteamiento metodológico que las sustenta y orienta, se desglosan y explican detalladamente los niveles estructurantes de las músicas, y se ejemplifican individual y colectivamente las técnicas instrumentales para que puedan ser estudiadas cuidadosamente. Todas cuentan con CD’s con información de audios, videos, partituras (scores y partes) y textos de investigación.

El trabajo desde los repertorios puede abordarse desde los siguientes niveles:

Nivel 1

Obras que contengan una estructura binaria (estrofa y coro, AB) o que alternen una sección vocal con una instrumental. El material armónico debe limitarse a tónica y dominante, con estructuras rítmicas secuenciales y/o repetitivas, que contengan las células características del género que se está trabajando. Los instrumentos deben unificar los patrones rítmicos más sencillos y elementales para acompañar a la voz, evitando el contrapunto y procurando que se afiance el patrón rítmico característico. Se propone trabajar sobre obras vocales con acompañamiento, que cuenten con pequeñas introducciones e interludios; preferiblemente evitar obras instrumentales.

En este primer nivel se deben seleccionar obras que no excedan las capacidades mecánicas y técnicas de los estudiantes, teniendo presente que acaban de pasar al nivel básico, luego de un proceso sólido de iniciación. Se debe propender por trabajar sobre versiones que les permitan a los integrantes del grupo hacer música con elementos muy sencillos de ejecución instrumental, que se puedan resolver de manera pronta y satisfactoria para el grupo.

En el aspecto melódico se debe tratar de trabajar con repertorios que no excedan una extensión de un intervalo de décima. En el aspecto vocal, preferiblemente trabajar sobre el unísono, buscando que los integrantes fortalezcan su voz cantada y la relación de esta con los instrumentos que acompañan el formato.

Nivel 2

Obras que presenten en su estructura formal tres secciones, que pueden ser un tema A, un puente B y un coro, que sean preferiblemente vocales-instrumentales, en las cuales se pueden trabajar sobre progresiones armónicas de tónica, dominante y subdominante. En estas obras se deben distinguir con claridad las estructuras rítmicas características de los géneros que se están trabajando con el grupo. Se debe insistir en que los instrumentos acompañen a la voz o al instrumento melódico sin realizar contrapuntos, enfocándose especialmente en el aspecto rítmico del ensamble.

De esta manera se va configurando una mayor aproximación a los acompañamientos originales de las obras, reconociendo las introducciones y sus relaciones con las líneas melódicas, en obras vocales e instrumentales especialmente. La extensión aún no debe superar la décima, pero se puede hacer una ampliación del registro de manera descendente. Se puede empezar a explorar el canto sobre ostinatos, a dos voces, o inclusive puede abordarse la creación de canciones simultáneas con obras del repertorio tradicional.

Nivel 3

Obras que presenten en su estructura formal tres secciones o más, incluyendo repertorio vocal-instrumental y repertorio instrumental. Se mantiene el uso de las funciones armónicas de tónica, dominante y subdominante, pero se le pueden incluir sustituciones armónicas de II grado para la Subdominante, con sus respectivas dominantes secundarias (I7 – IV) (VI7 – II). Se sugiere la creación de pequeños contrapuntos a las líneas melódicas propuestas por la voz principal o línea melódica, bien sea en los instrumentos armónicos que acompañan o en la inclusión de un segundo instrumento melódico.

Se pueden incluir algunas variaciones en los acompañamientos, empleando fórmulas derivadas de los patrones originales, cortes de sección, contrapuntos melódicos y armónicos. También la extensión melódica se amplía a las dos octavas, especialmente en los instrumentos melódicos, y en la voz se empieza la exploración del canto a dos voces, se mantienen los ostinatos.

Nivel 4

Para finalizar el ciclo básico se propone ahondar en los contenidos abordados en los tres niveles que lo precedieron. Es en la profundidad de los contenidos ya trabajados en donde se genera una mayor apropiación de los conceptos y contenidos. De esta manera no se propone que se aborden nuevas estructuras formales, sino que dentro de las estructuras estróficas, binarias y ternarias se encuentren obras que presenten mayor complejidad técnica e interpretativa para los integrantes del formato. De tal manera que los conocimientos sean puestos en práctica a través de un repertorio retador.

De esta manera, los ciclos armónicos trabajados, las líneas melódicas y el trabajo a voces se afianzan en los integrantes del formato y se les prepara para cerrar el ciclo básico de formación.

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