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Introducción

La política cultural colombiana ha dado prioridad al fortalecimiento de las artes y de la música en particular, a partir del reconocimiento de su presencia y su arraigo en la vida cotidiana de la gente, así como de su valor simbólico y su representatividad como instrumento de creación, expresión e identificación para el conjunto de la población.

En este marco, nos hemos dado a la tarea de construir unas orientaciones con visión de largo plazo y alcance nacional, que les sirvan de guía a los docentes de las escuelas municipales para elaborar sus programas de formación, de manera gradual, pertinente y, sobre todo, creativa.

El logro de un destacado nivel de desarrollo en las escuelas de música, no depende solamente de la calidad de las prácticas musicales a partir de la buena factura y la adecuada interpretación del repertorio, sino que va ligado también a la comprensión de los objetivos de formación y a la acertada estructuración de los procesos formativos.

Resulta primordial que los directores y docentes de las escuelas de música, no reduzcan el proceso formativo al montaje de un repertorio; como tampoco, que confundan el realizar un programa de formación con la implementación de un método de solfeo o de lectoescritura musical.

Las diversas prácticas musicales ligadas a formatos específicos, tienen lógicas culturales diferentes y por tanto deben tener procesos pedagógicos propios y enfoques formativos diferenciales.

De esta forma, las escuelas deben aprender de su contexto, de sus tradiciones, de las maneras como sus sabedores y cultores han creado, interpretado y socializado sus músicas; estas formas de conocimiento deben ser investigadas, sistematizadas y apropiadas por los docentes y estudiantes, comprendiendo sus principios constructivos, sus características de lenguaje, sus estructuras y sentidos, con el fin de poderlos recrear, transformar y cultivar en su proceso histórico de evolución.

Así mismo, las escuelas deben asimilar las músicas de las tradiciones académicas con sus aportes teóricos y técnicos, pero sin pretender universalizar ni generalizar estas lógicas culturales como único referente. Los formatos sinfónicos y corales son una de las vías de desarrollo musical fundamental que docentes y estudiantes deben experimentar y conocer para lograr complementar su cultura musical, que les permita reconocer e interpretar otros repertorios con estructuras y formas complejas y extensas.

Por otra parte, las escuelas deben abrir sus puertas y sus oídos a las músicas urbanas y a los formatos practicados por los jóvenes. Las estéticas, las técnicas y las pedagogías de estas prácticas musicales constituyen una innovación de los conceptos, los enfoques y las maneras de hacer y circular las músicas, por lo que resulta refrescante y pertinente que docentes y estudiantes se sumerjan en los medios sonoros y formas expresivas de estas culturas urbanas.

Este es el espíritu de los lineamientos de formación musical que invitan al país musical a renovar la formulación e implementación de sus programas formativos en los contextos locales: un proceso creativo, constante y dinámico que se estructura desde la diversidad de las lógicas culturales poniendo en diálogo y en crisol los saberes empíricos de los contextos con las tradiciones académicas y con los aportes de las prácticas urbanas.

El reto de este trayecto, que pretende innovar las pedagogías de la práctica musical en el país, es hacer del proceso formativo una experiencia contemporánea de creación y expresión plural, que reconoce y potencia nuestra diversidad cultural hacia un profundo desarrollo musical de la ciudadanía.

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